En la salud y en la braña
Linda Mercedes Vilariño se levantó ayer pasadas las siete de la mañana, se vistió y se acercó a una cafetería de Luarca a desayunar. Todo lo hizo «muy nerviosa» porque apenas cinco horas después se casaba con el que ya era en realidad su marido, Serafín Blanco. Lo suyo no era una boda tradicional. A los cien invitados de las familias de ella y él se unían casi otros 3.000 curiosos llegados de dentro y fuera de Asturias. Todos ellos querían ver como era una boda vaqueira, la número 49 desde que se inició hace casi cinco décadas el Festival Vaqueiro y de la Vaqueirada en Braña de Aristébano, entre los concejos de Valdés y Tineo. «Los vaqueiros somos una tipología de gente especial», decía Serafín orgulloso minutos antes de empezar el enlace. «Antiguamente estábamos mal mirados porque éramos nómadas y de la montaña», concretaba mientras una decena de curiosos intentaban tirarle algunas fotos. Cuando apenas tenía seis años, la familia de Serafín, natural de Lago, se trasladó a vivir a Madrid «para mejorar el nivel de vida». Hoy, «echo de menos Asturias y más ahora porque no me esperaba que la boda fuera a ser todo esto». Linda, madrileña de nacimiento, lo convenció para casarse así en la que «ha sido la mejor decisión de su vida», según él. Junto a la pareja estaban los padrinos, los vaqueiros de honor, entre ellos el padre fundador de Mensajeros de la Paz, Ángel García, y el resto de familiares que, entre un mar de gaitas, escucharon el ’sí quiero’. «A nuestra boda vaqueira fueron entre 2.500 y 3.000 personas, más que a la de Bustamante», bromeaba José Antonio Fernández con su mujer, Natalia Fernández, la pareja elegida para la boda del año pasado. Entonces, Natalia estaba embarazada de tres meses de Iyán, el pequeño que ayer vestía el traje típico asturiano. Cerca de ellos, María del Valle y Moisés Álvarez, naturales de Luarca y Navelgas, instalaban una sombrilla bajo la que proteger de un sol impetuoso a su hija Saray, quien vacilaba ya sus primeros pasos. Ellos también contrajeron matrimonio por el ritual vaqueiro tres años atrás. Hoy, María y Moisés esperan la llegada para el mes que viene del primer hermano de Saray. «Yo me siento feliz cada vez que vengo pese a que este año no he podido ponerme el traje», comentaba María mientras mostraba el estado de su embarazo. A una altura de 600 metros, Linda y Serafín bajaron a caballo desde la Braña hasta la plataforma creada para el ‘casorio’. Abriendo el camino avanzaba un carro tirado por dos bueyes que, como manda la tradición, portaba una cama y un baúl. Arriba, les esperaba el cura Pablo Gutiérrez -Evangelio en mano- para oficiar una ceremonia religiosa «como las que se celebran en cualquier otro lugar». Ritmos típicos vaqueiros y asturianos a cargo del cantante Juan Uría pusieron la nota musical a un enlace visto por los curiosos y los turistas llegados de Bélgica, Venezuela, México y Escocia, entre otros lugares y países. Según explicó el secretario del festival, Daniel Martínez, «éste ha sido de los últimos seis años el que más gente ha venido a verlo». Tino Argüelles ironizaba sobre ello con su mujer Angelita Fernández. «Con lo lejos que está esto, mira que de gente ha llegado», anotaba. Cerca de la boda, el lotero Francisco Rodríguez multiplicaba desde las ocho y media sus ventas como ningún otro día del año. «El 98509 es el número que más me piden», comentaba antes de reconocer que sólo durante la jornada preveía la venta de 300 cupones y una recaudación de entre 500 y 600 euros. Efrén Suárez lo sabe bien. «De año en año viene el doble de gente». Este asturiano natural de Pola de Siero comandaba uno de los 37 autobuses que se desplazaron hasta lo alto de la montaña. «Con nosotros venían 36 personas y nuestro autobús pequeño tenía 35 plazas así que al final tuvimos que coger uno de los grandes porque no podíamos dejar a nadie en tierra», señalaba. Llegaron y se casaron. «Se nos ha hecho corta, da pena que se haya terminado», avanzaba Serafín segundos después de que el cura los despidiera. Su madre, María Luisa Fernández, iba más allá. «Dicen que los abuelos son padres dos veces y a mi me gustan muchos los niños», decía sonriente mirando para la pareja. Un menú a base de empanadas, jamón cocido, chosco, natas vaqueiras para el postre y café de puchero salieron de las furgonetas de los organizadores pasadas las dos de la tarde. Ocho días en Italia será la luna de miel de los nuevos vaqueiros recién casados.





