Esculturas de José de la Riera
José de la Riera (Gijón, 1946) es profesor de dibujo y plástica de Educación Secundaria en el Instituto Carmen y Severo Ochoa de Luarca. Entre sus intereses artísticos figuran la pintura, el grabado y la escultura. Se inició en la pintura de la mano de Pablo Basterrechea. Anduvo por París y en los años setenta fue profesor de la Universidad Popular de Gijón. En las Navidades pasadas pudimos ver algunos de sus cuadros en la colectiva de pintores asturianos de la galería Gema Llamazares.

En las fotografías y en algunos textos en forma de carta que figuran en el catálogo de esta su exposición de Candás podemos observar la estrecha amistad que ha venido cultivando José de la Riera a través de los años con escultores y artistas como el vasco Ricardo Ugarte o los asturianos Pepe Legazpi, Paco Fresno, Melquíades Álvarez, Pelayo Ortega, Alejandro Mieres, Rubio Camín, Fernando Redruello, José Ramón Muñiz o Ángel Nava. Toda una larga trayectoria de amistades y encuentros, reflexiones en grupo y participación conjunta en iniciativas culturales, que avalan la permanente búsqueda interior de un autor no muy prolífico, que viene manteniendo un ritmo creativo pausado y algo intermitente, algo así como los recorridos interiores y exteriores del Guadiana.
En Candás tenemos 16 obras suyas: tres de 1992, una de 1999, dos de 2002, siete de 2005 y tres de 2006. La muestra lleva el título de uno de los diálogos de Platón, el «Teeteto», que trata de la ciencia y el conocimiento. Objetos y formas del mundo se expresan mediante figuras geométricas, como el conjunto de poliedros regulares que llevan el nombre de «sólidos platónicos». La ciencia capta las leyes de la materia en el universo y así Platón explicaba la existencia de diversos «principios» (tierra, agua, aire, fuego) o de distintos estados (sólido, líquido…). En esta búsqueda que hoy seguimos haciendo, pero sobre la base altísima de la ciencia del siglo XXI, vuelven los artistas a expresarse mediante triángulos, cubos, cilindros y esferas, como el alma intuida de un mundo en el que todavía hemos descubierto pocas cosas. En este universo de pensamientos ha entrado José de la Riera al enfrentarse con sus obras públicas recientes, como «Symmetría» (1999) para el Parque de La Luz, de Corvera, o el reciente homenaje al profesor Severo Ochoa en el Muelle Nuevo de Luarca («La Ausencia - La Presencia», 2005). Un proyecto, amigos, vida tranquila, alumnos estimulantes, pescados al horno regados con blancos de Rueda o alvariños, mañanas y tardes de sol y mar de Luarca, han creado el ambiente propicio. De esta obra me gusta el plano curvo y los cilindros, las luces y las sombras, el círculo y la esfera que cae por el plano inclinado. El autor me habla de Severo Ochoa, o sea, de leyes astronómicas y biológicas, que tienen en común el día y la noche, el orto y el ocaso, la vida y la muerte. Veo la esfera que ha nacido de un círculo e imagino el sol que se desliza por sus órbitas o tal vez el óvulo que baja en busca de su nido.
Así entiendo que en «Maternidad» (2002) jueguen la madre y el hijo como dos esferas, grande y pequeña. O que en sus estelas de acero cortén veamos una esfera roja de cerámica acogida en el seno de un plano curvo, o un cubo de bronce que se aloja en el hueco maternal que lo está conformando a su imagen y semejanza. Con esta exposición Candás recupera a José de la Riera, que tiene en la villa dos murales pictóricos, recientemente restaurados. Uno en la calle Valdés Pumarino (Sin título, 1979) y otro en los soportales del Colegio San Félix (Sin título, 1980). Una mujer en el primero, un hombre en el segundo. En ambos el mar y los acantilados, Candás o el universo.





