Luarca revive su pasado ballenero

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Pasaban las cinco y media de la tarde cuando comenzó, en Luarca, la necropsia del rorcual común aparecido el pasado martes en la costa de Tapia de Casariego. Una veintena de personas, entre las que se encontraba Luis Laria, presidente de la Coordinadora para el Estudio y Protección de las Especies Marinas (Cepesma), participa en la necropsia, que continúa hoy, y que se lleva a cabo en el solar de los almacenes municipales de la capital valdesana. La ballena, de unas 30 toneladas de peso y 16 metros de longitud, apareció varada el martes en la cala de Ribeira Nova, a una milla del puerto de Tapia de Casariego, y fue trasladada al día siguiente a Luarca. Como paso previo, se rodeó al animal de grava. A continuación se realizaron las mediciones del cadáver, antes de que los encargados de examinarlo para determinar las causas de la muerte del rorcual cogiesen el instrumental necesario para acceder a los órganos internos: cuchillos y unas grandes cuchillas con mango de madera que, según aseguró Luis Laria, son réplicas de las utilizadas en los siglos XV y XVI por los balleneros.