San Feliz homenajeó a su hija adoptiva

La poetisa valdesana Nené Losada recibió el reconocimiento de la localidad donde pasó su infancia y su juventud

Nené Losada Rico recibió ayer un cálido homenaje en San Feliz (Valdés), la localidad en la que vivió entre los 5 y los 19 años, y que la nombró hija predilecta. El pueblo de su infancia y juventud quería darle así las gracias por su poesía y por las referencias en sus escritos a San Feliz.

Nené Losada, visiblemente emocionada, agradeció el homenaje. «Esto es demasiado para mí», aseguró. La poetisa valdesana, que recientemente recibió la distinción del Hórreo de Barcia, afirmó que cada homenaje tiene sus señas de identidad. El de San Feliz, dijo, «tiene la más entrañable de todas».

Tras dirigirse a los asistentes, la homenajeada recibió una placa conmemorativa de manos de Gil Fernández, vecino de San Feliz. Aunque la asociación de vecinos de la localidad tenía preparados más obsequios para Nené Losada, que recitaría más tarde alguno de sus poemas, en varios de los cuales están presentes San Feliz y sus vivencias en el pueblo. Uno de ellos es «San Feliz en el recuerdo», sobre el que los organizadores del homenaje realizaron una proyección, con imágenes y música unida a los versos.

La asociación de vecinos reunió, con motivo del homenaje, algunos de sus poemas y fotografías junto a los recuerdos de Nené Losada de su llegada, con 5 años, al pueblo. Este pequeño volumen se abre con el agradecimiento de la asociación de vecinos a la escritora, que representa, afirman, «un canto a la esperanza» y un «ejemplo vivo de las cosas no perecederas. Aquellas que tocan el corazón y hacen que nos miremos hacia adentro sintiendo el deseo de ser mejores». Unas palabras pronunciadas al inicio del acto por Gloria García-Merás, vecina del pueblo.

Nené Losada Rico recibió el reconocimiento de los vecinos del pueblo al que llegó ochenta años atrás. Nacida en Luarca, se trasladó a la casa de su abuela materna en San Feliz tras quedar huérfana. Y en ella residió hasta que, con 19 años, al casarse con Antonio Martínez García-Vidal, regresó a Luarca. Empezó a escribir poesía desde muy joven, aunque hasta 1992 no comenzó a recoger en libros sus poemas en asturiano. Fue galardonada con el «Urogallo» 2000 por el Centro Asturiano de Madrid y recibió en 2005 la medalla de Asturias de plata.

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